Para poder entender qué es la
depresión tal vez debería empezar por definir el concepto de felicidad. La felicidad humana es el equilibrio de
una persona entre los reforzadores
positivos y negativos que tiene en su vida. Por reforzadores entendemos aquello
que, en el caso de positivo, nos gusta, nos satisface, nos llena, nos da
tranquilidad, y negativos, todo lo contrario. Los reforzadores son subjetivos.
Esto quiere decir que para una persona algo puede ser muy importante para su
vida, y en cambio, lo mismo, para otra persona, no tiene el mismo valor. Por
ejemplo, para una persona perder el trabajo, puede hacer que su vida se
desmorone ya que era un pilar muy importante de su vida. En cambio, para otra,
es una oportunidad perfecta para reinventarse y crecer.
La depresión siempre empieza por una pérdida, como he comentado antes es subjetiva. La balanza cae hacia
lo negativo. Además, hay que tener en cuenta la vulnerabilidad de la persona
tanto biológica como psicológicamente. Si la persona tiene habilidades de
afrontamiento frente a situaciones de crisis, la educación que ha tenido, etc. Esto
influye en cómo vives esa pérdida.
Esta pérdida puede ser: la muerte
de un ser querido o una ruptura sentimental, pequeñas pérdidas que van
concatenando unas con otras, algo positivo se vuelve aversivo, etc.
Esta pérdida de la que hablamos
desencadena una serie de respuestas. Por una parte, empiezan a aparecer una
serie de pensamientos, creencias irracionales que las cogemos como ciertas e
invaden nuestro ser: “Soy incapaz de hacer tal cosa”, “soy un desastre”, “nunca
lo conseguiré”, “no puedo vivir sin él”,
“esto es injusto” “¿Por qué a mí?”, etc.
Por otra parte desencadena una
serie de emociones negativas como son la tristeza, la ira, la desesperanza, el
miedo, la rabia, etc.
Estas respuestas anteriores hacen
que automáticamente aparezca la inercia de dejar de hacer las cosas. No nos
apetece hacer nada, se no hace un mundo. Primero, dejamos de hacer actividades
agradables y más adelante las obligatorias como ir a trabajar o la higiene
personal.
Estas actividades que antes nos
parecían placenteras como era por ejemplo quedar con los amigos, ir al cine,
hacer deporte, las dejamos de hacer. Por lo tanto, automáticamente tenemos más
pérdidas en nuestras vidas, perdemos reforzadores que antes nos complacían y
ahora no los hacemos. Y estas pérdidas hacen que volvamos al círculo vicioso de
la llamada trampa de la depresión.
¿Qué podemos hacer?
- Cambiar el “No me apetece” por el “Tengo que hacerlo”: la inercia comentada anteriormente hace que se nos haga un mundo algo que anteriormente lo hubiéramos hecho de forma automática. Escojamos algunas actividades que antes nos gustaban mucho y que ahora no nos costaría mucho hacerlas, es decir, no nos sería un gran esfuerzo. Nos obligamos a hacerla. Esto hace que hagamos una actividad agradable y al hacerla nos sintamos mejor, y por lo tanto, aparezca de nuevo una pizca de refuerzo. Si imaginamos que la trampa de la depresión es como un espiral que nos tira hacia abajo, con esto lo que hacemos es que cambie la dirección de la misma.
- Hacer ejercicio físico: obligarnos aunque sea pasear un ratito cada día, nos va a ayudar a sentirnos mejor ya que al hacer deporte segregamos serotonina de forma natural y esto nos hace sentir bien.
- Cambia tus pensamientos negativos y catastrofistas por positivos: si tu pensamiento es “No soy capaz”, seguro que no lo serás. Coge tu pensamiento como una hipótesis y comprueba que lo que piensas es verdad. ¿Tienes pruebas de que lo que dices es cierto? ¿La emoción es acorde con la realidad? ¿De qué te sirve pensar de esa manera? ¿Usas palabras en términos de blanco o negro? Busca alternativa de pensamiento.
- Aprende habilidades de afrontamiento frente a situaciones: para que aumente la autoestima debemos aprender habilidades de resolución de problemas, ser capaz de tomar decisiones y tener mayor autonomía. Además de trabajar la asertividad para tener la capacidad de expresar sentimientos y pensamientos sin el objetivo de ofender a otra persona velando por nuestros derechos. O la capacidad de decir no.
¡Que no te atrape la
trampa de la depresión!
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